miércoles, 7 de agosto de 2013
La Republica, 509 Al 27 a.c
La República (509 a.C- 27 a.C)
Según la tradición, en el año 509 a.C. se produjeron una serie de hechos esenciales en la historia de Roma: se expulsó al último monarca, Roma fue tomada por el ejército de Porsenna, se firmó el tratado entre Roma y Cartago, se iniciaron de los Fastos Consulares y se consagró el templo de Júpiter Capitolino. Parecen muchos acontecimientos para tan poco tiempo. El único perteneciente con seguridad al año 509 a.C. es la dedicatoria del templo de Júpiter. Los restantes pudieron suceder más tarde, aunque con poca diferencia de tiempo.
Moneda con la imagen del Templo de Júpiter
Los Fastos Consulares (listas con los nombres de los cónsules que servían como referencia para datar acontecimientos importantes) resultan básicos para el estudio de la República a partir del 503 a.C., fecha en que se considera que ya son dignos de credibilidad.
Otro sistema utilizado se basa en el ritual del clavus annalis. Esta práctica se inició al año siguiente de la dedicatoria del templo de Júpiter Capitolino y consistía en clavar un clavo en el muro de la cella de Minerva cada aniversario de esta dedicatoria. El primer clavo fue clavado en el 508 a.C., un año después de su consagración. El templo de Júpiter Capitolino constaba, además de la cella de Júpiter, de otras dos anexas: la de Minerva y la de Juno.
La década que siguió al 509 (fecha de la conspiración contra el último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio, cuando estaba fuera de Roma sitiando la ciudad de Ardea) es un período oscuro del que sólo se conocen hechos aislados.
Transición de la Monarquía a la República
La transición política de la Monarquía a la República fue seguida de graves tensiones sociales internas que fueron aprovechadas por los pueblos vecinos para reducir el control territorial de Roma y conseguir su desaparición. De ahí que, durante los primeros 70 años de la República, Roma tuviera que ratificar su identidad en demasiadas ocasiones.
Los primeros años de la República son de incertidumbre como consecuencia de la confusión política existente. Había partidarios de la Monarquía, de la República, de Porsenna y de la Liga latina, entre otros. Los que conjuraron en el 509 a.C. no tenían prevista ninguna fórmula institucional para sustituir a la monarquía.
Todos los historiadores están de acuerdo en que el Consulado -magistratura doble y colegiada durante toda la República- no surgió inmediatamente después de la expulsión de Tarquinio.
La tesis más generalizada presupone que en la transición de la Monarquía al consulado se pasó por una fase intermedia en la que se designaba un praetor maximus por un año y que, más tarde, desdoblaría sus funciones. Aunque ya se acercaba al sistema binario de los cónsules, éstos seguían designándose como pretores al menos hasta 449 a.C., con la ley Valeria Horaria.
Parece ser que las supremas magistraturas no fueron monopolizadas por los patres -personas que controlaban el Senado, el ejército y los sacerdocios desde el inicio de lahistoria de Roma- ya que se conocen casos de plebeyos que ocuparon el consulado hasta el año hasta el 485 a.C. El clima de tensiones y enfrentamientos de los comienzos de la República llevaría a las facciones más fuertes a formalizar compromisos y alianzas entre ellas.
A partir del 485 se produjo la intransigencia del patriciado pasando a controlar todas las magistraturas civiles y religiosas y excluyendo a los plebeyos de cualquier tipo de responsabilidad en el gobierno.
El derecho romano
Además de por las luchas entre patricios y plebeyos, la República se caracterizó por la expansión del poder de Roma a toda la Italia peninsular, por la promulgación de la Ley de las XII Tablas en el 450 a.C y por las guerras civiles por la igualdad.La Ley de las XII Tablas, llamada así porque estaba escrita en doce tablas, es el código más antiguo de derecho romano. Se estableció para aplacar las demandas de los plebeyos.
Hasta que se redactó este código el derecho romano había tenido un carácter sagrado, por haber estado unido a la monarquía y al colegio de los pontífices. Con su redacción el derecho romano se desacraliza constituyendo la base del derecho del mundo occidental. Para el historiador Tito Livio, las XII Tablas eran la fuente de todo el derecho romano, tanto público como privado.
Julio César
Entre los años 133 y 27 a.C. se desarrolló una etapa muy convulsa en la historia de Roma debido a una compleja situación económica, social y política que llevó a momentos de tensión, como los vividos con los Gracos o las guerras sociales entre nobles y plebe.
La dictadura: la transición de la República al Imperio Romano
El gran paso hacia un sistema político en el que el poder se acumulase en manos de una sola persona lo dio Sila (dictador en los años 82-79). La sistematización de Sila fue muy importante y una de las consecuencias que tuvo, y que influyó en gran medida en la política y en el propio final de la República, radicó en el hecho de que concentró todo el poder político en manos del Senado, hecho que no sucedíó con el poder ejecutivo.
Esto dio lugar a que el Senado tuviera que confiar el ejecutivo a un hombre fuerte, a un general que, además, fuese político. A su vez, los populares también querían ocupar el poder provocando un fortalecimiento del poder personal a la hora de gobernar. El fortalecimiento del personalismo condujo a los triunviratos y a las dictaduras de César o Augusto, y supuso el fin de la República y el principio de una nueva etapa, el Imperio.
ESPERO QUE TE SIRVA
SI TE SIRVIO DALE LIKE PORFAVOR
GRACIAS
Y ESPERA UN POCO MAS DE MIS TAREAS .COM DE BLOGGER
lunes, 13 de agosto de 2012
que es una constitucion y sus caracteristicas
¿ Qué es una ?
Una constitución puede ser definida como el conjunto de preceptos según los cuales se establecen y se rigen las cuando se organizan en gobiernos determinados , con el fin de conservarse y perpetuarse como naciones soberanas
Algunas características de la Constitución :
. Es escrita , pues su formulación esta asentada en un documento sancionado el efecto ;
. Es codificada, pues a sido dictada con unidad de sistema (es decir,mediante la reunión sistematica de las normas expresamente formuladas en un cuerpo unitario ), y las reformas que se le han introducido han sido incorporadas a dicho sistema ;
. Es riguida, pues, para ser reformada, el articulo 30 dispone de un procedimiento especial y mas dificultuoso que el utilizado para dictar la legislación ordinaria .Dicho articulo dispone que puede ser reformada en el todo o en cualquiera de sus partes.
. Es derivada, porque adopta para su gobierno la reforma republicana, representativa y federal, habiendo utilizado para ello el modelo de la constitución de lo , sin copiarlo, sino introduciéndole todas las modificaciones que le aconsejo la realidad nacional.
La reforma de la constitución :
La constitución puede ser reformada en el todo o en cualquiera de sus partes . La necesidad de reforma debe ser declarada por el congreso Nacional con el voto de, al menos, las dos terceras partes de sus miembros. La reforma debe ser efectuada por una convención convocada a tal efecto
Algunos antecedentes de la Constitucion Nacional:
La Constitucion de las provincias unidas del sud de america en 1819, fue el primer antecedente de una constitucion. Establecia la division de poderes, con un legislativo, bicameral,integrado por una camara de representantes elegida por el pueblo de la nacion y un senado integrado por las grander coorporaciones del Estado : La Iglesia, el ejercito, las provincias, las universidades y por los directores supremos salientes.
Preambulo de la Constitucion Nacional :
¿ Cual son los objetivos que se proponen ?
Los objetivos son : Los objetos de construir la union nacional, afianzar la justicia considerar la paz interior, provecer a la defensa comun, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad.
¿ Para quienes se dicta la Constitucion Nacional ?
Para nosotros, para nuestras prosperidad y para todos los hombres del mundo que quiera habitar el suelo Argentino invocando la proteccion de dios, fue toda la razon y justicia ordenar, decretamos y establecemos esta Constitucion.
Fuente : Mi Carpeta xD ! . Adios Espero que les sirva 

lunes, 30 de julio de 2012
sistema circulatorio



El Sistema Circulatorio es el encargado del transporte de las diferentes sustancias en el organismo. Para lograr su objetivo se sirve de un elemento muy especial, la sangre.
En su circulación por el organismo, la sangre bombeada por el corazón recorre un trayecto complejo que se establece a través de las cavidades derechas del corazón, desde donde pasa a los pulmones, (aquí capta el oxígeno), y a continuación, regresa a las cavidades izquierdas del corazón. Desde aquí es bombeada en la arteria principal, la aorta, que se ramifica en arterias cada vez menores, hasta que alcanza las arteriolas, las ramas más pequeñas.
Más allá de las arteriolas, la sangre pasa a través de un gran número de estructuras de paredes delgadas denominadas vasos capilares. Aquí la sangre cede el oxígeno y sus nutrientes a los tejidos y capta el dióxido de carbono y otros productos de degradación del metabolismo
La sangre completa su recorrido pasando a través de pequeñas venas que se unen formando vasos cada vez mayores hasta que alcanza las venas más grandes, las venas cavas superior e inferior, por las que la sangre regresa a la parte derecha del corazón.
La sangre es impulsada por la contracción del corazón, aunque la contracción de los músculos esqueléticos también contribuye a la circulación. Las válvulas cardiacas y las de las venas aseguran su flujo en una dirección.
La sangre es impulsada por la contracción del corazón, aunque la contracción de los músculos esqueléticos también contribuye a la circulación. Las válvulas cardiacas y las de las venas aseguran su flujo en una dirección.
¿Qué hacen el aparato circulatorio y el corazón?
El aparato circulatorio trabaja en forma conjunta con otros aparatos del cuerpo. Suministra oxígeno y nutrientes a nuestro cuerpo trabajando junto con el aparato respiratorio. Al mismo tiempo, el aparato circulatorio ayuda a transportar los desechos y el dióxido de carbono al exterior del cuerpo. Las hormonas (producidas por el sistema endocrino) también son transportadas por medio de la sangre en nuestro aparato circulatorio. Dado que son los mensajeros químicos del cuerpo, las hormonas transfieren información e instrucciones de un conjunto de células a otro. Por ejemplo, una de las hormonas que produce el corazón ayuda a controlar la liberación de sal del cuerpo que realizan los riñones.
¿Alguna vez se detuvo a pensar en el proceso que realiza el corazón de su hijo? Esto es lo que ocurre. Un latido completo conforma un ciclo cardíaco, que consta de dos fases. Cuando el corazón late, los ventrículos se contraen (esto se denomina sístole), y envían sangre a la circulación pulmonar y sistémica. Éstos son los sonidos que oímos al escuchar un corazón. Después, los ventrículos se relajan (esto se denomina diástole) y se llenan de sangre proveniente de las aurículas.
Un sistema de conducción eléctrico único en el corazón provoca los latidos con su ritmo regular. El nodo sinoauricular (SA), una pequeña zona de tejido en la pared de la aurícula derecha, envía una señal eléctrica para comenzar la contracción del músculo cardíaco. Este nodo se denomina "marcapasos del corazón", porque fija la velocidad del latido y hace que el resto del corazón se contraiga a su ritmo. Estos impulsos eléctricos hacen contraer primero a las aurículas y después se trasladan hacia abajo en dirección al nodo auriculoventricular (AV), que actúa como una estación de relevo. Desde allí, la señal eléctrica viaja a través de los ventrículos derecho e izquierdo, haciéndolos contraer y expulsando la sangre hacia el interior de las arterias principales.
En la circulación sistémica, la sangre se traslada desde el ventrículo izquierdo a la aorta y hacia todos los órganos y tejidos del cuerpo y después regresa a la aurícula derecha. Las arterias, los capilares y las venas del aparato circulatorio sistémico son canales a través de los cuales tiene lugar este largo viaje. Una vez en las arterias, la sangre fluye hacia las arteriolas y después hacia los capilares. Mientras se encuentra en los capilares, el flujo sanguíneo proporciona oxígeno y nutrientes a las células del cuerpo y recoge los materiales de desecho. Después la sangre regresa a través de los capilares hacia las vénulas, y más tarde a venas más grandes, hasta llegar a la vena cava. La sangre de la cabeza y los brazos regresa al corazón a través de la vena cava superior, y la sangre de las partes inferiores del cuerpo regresa a través de la vena cava inferior. Ambas venas cavas llevan esta sangre sin oxígeno a la aurícula derecha. Desde aquí, la sangre pasa a llenar el ventrículo derecho, lista para ser bombeada a la circulación pulmonar en busca de más oxígeno.
En la circulación pulmonar, se bombea sangre con bajo contenido de oxígeno pero alto contenido de dióxido de carbono del ventrículo derecho a la arteria pulmonar, que se ramifica en dos direcciones. La ramificación derecha va hacia el pulmón derecho, y viceversa. En los pulmones, estas ramificaciones se subdividen en capilares. La sangre fluye más lentamente a través de estos pequeños vasos, dando tiempo al intercambio de gases entre las paredes capilares y los millones de alvéolos, los diminutos sacos de aire de los pulmones. Durante este proceso, denominado "oxigenación", el flujo sanguíneo obtiene oxígeno. El oxígeno se une a una molécula de los glóbulos rojos, denominada "hemoglobina". La sangre recién oxigenada abandona los pulmones a través de las venas pulmonares y se dirige nuevamente al corazón. Ingresa en el corazón por la aurícula izquierda, después llena el ventrículo izquierdo para ser bombeada a la circulación sistémica.
El aparato circulatorio trabaja en forma conjunta con otros aparatos del cuerpo. Suministra oxígeno y nutrientes a nuestro cuerpo trabajando junto con el aparato respiratorio. Al mismo tiempo, el aparato circulatorio ayuda a transportar los desechos y el dióxido de carbono al exterior del cuerpo. Las hormonas (producidas por el sistema endocrino) también son transportadas por medio de la sangre en nuestro aparato circulatorio. Dado que son los mensajeros químicos del cuerpo, las hormonas transfieren información e instrucciones de un conjunto de células a otro. Por ejemplo, una de las hormonas que produce el corazón ayuda a controlar la liberación de sal del cuerpo que realizan los riñones.
¿Alguna vez se detuvo a pensar en el proceso que realiza el corazón de su hijo? Esto es lo que ocurre. Un latido completo conforma un ciclo cardíaco, que consta de dos fases. Cuando el corazón late, los ventrículos se contraen (esto se denomina sístole), y envían sangre a la circulación pulmonar y sistémica. Éstos son los sonidos que oímos al escuchar un corazón. Después, los ventrículos se relajan (esto se denomina diástole) y se llenan de sangre proveniente de las aurículas.
Un sistema de conducción eléctrico único en el corazón provoca los latidos con su ritmo regular. El nodo sinoauricular (SA), una pequeña zona de tejido en la pared de la aurícula derecha, envía una señal eléctrica para comenzar la contracción del músculo cardíaco. Este nodo se denomina "marcapasos del corazón", porque fija la velocidad del latido y hace que el resto del corazón se contraiga a su ritmo. Estos impulsos eléctricos hacen contraer primero a las aurículas y después se trasladan hacia abajo en dirección al nodo auriculoventricular (AV), que actúa como una estación de relevo. Desde allí, la señal eléctrica viaja a través de los ventrículos derecho e izquierdo, haciéndolos contraer y expulsando la sangre hacia el interior de las arterias principales.
En la circulación sistémica, la sangre se traslada desde el ventrículo izquierdo a la aorta y hacia todos los órganos y tejidos del cuerpo y después regresa a la aurícula derecha. Las arterias, los capilares y las venas del aparato circulatorio sistémico son canales a través de los cuales tiene lugar este largo viaje. Una vez en las arterias, la sangre fluye hacia las arteriolas y después hacia los capilares. Mientras se encuentra en los capilares, el flujo sanguíneo proporciona oxígeno y nutrientes a las células del cuerpo y recoge los materiales de desecho. Después la sangre regresa a través de los capilares hacia las vénulas, y más tarde a venas más grandes, hasta llegar a la vena cava. La sangre de la cabeza y los brazos regresa al corazón a través de la vena cava superior, y la sangre de las partes inferiores del cuerpo regresa a través de la vena cava inferior. Ambas venas cavas llevan esta sangre sin oxígeno a la aurícula derecha. Desde aquí, la sangre pasa a llenar el ventrículo derecho, lista para ser bombeada a la circulación pulmonar en busca de más oxígeno.
En la circulación pulmonar, se bombea sangre con bajo contenido de oxígeno pero alto contenido de dióxido de carbono del ventrículo derecho a la arteria pulmonar, que se ramifica en dos direcciones. La ramificación derecha va hacia el pulmón derecho, y viceversa. En los pulmones, estas ramificaciones se subdividen en capilares. La sangre fluye más lentamente a través de estos pequeños vasos, dando tiempo al intercambio de gases entre las paredes capilares y los millones de alvéolos, los diminutos sacos de aire de los pulmones. Durante este proceso, denominado "oxigenación", el flujo sanguíneo obtiene oxígeno. El oxígeno se une a una molécula de los glóbulos rojos, denominada "hemoglobina". La sangre recién oxigenada abandona los pulmones a través de las venas pulmonares y se dirige nuevamente al corazón. Ingresa en el corazón por la aurícula izquierda, después llena el ventrículo izquierdo para ser bombeada a la circulación sistémica.
leidy camila rojas ocampo
jueves, 29 de marzo de 2012
Hoy es un nuevo día;
"Para reconocer que somos parte de todo lo creado,
por lo tanto, debemos bendecir todo cuanto hagamos
y a todas las personas con quienes nos cruzamos,
ya que la vida es más llevadera
si estamos en actitud de bien hacer y de bien decir"
"Para reconocer que somos parte de todo lo creado,
por lo tanto, debemos bendecir todo cuanto hagamos
y a todas las personas con quienes nos cruzamos,
ya que la vida es más llevadera
si estamos en actitud de bien hacer y de bien decir"
MENSAJE DEL DIA
“No tengas miedo de los cambios lentos,
sólo ten miedo de permanecer inmóvil” .
QUE TENGAS UN ESTUPENDO COMIENZO DE SEMANA!!!
sólo ten miedo de permanecer inmóvil” .
QUE TENGAS UN ESTUPENDO COMIENZO DE SEMANA!!!
Con el cariño de siempre,
Deysy Ocampo
miércoles, 28 de marzo de 2012
UNA
NIÑA DE 15 AÑOS
DE EDAD
CAMINA DE LA MANO CON SU HIJO, LA GENTE
LA LLAMA "PUTA " SIN SABER
... ... ... ... ... ... ... ... QUE FUE VIOLADA A LOS 13 AÑOS.
LA GENTE LE DICE "GORDO" A UN SEÑOR
SIN SABER QUE TIENE
UNA ENFERMEDAD QUE LE
CAUSA SOBREPESO.
LA GENTE LE HUYE A UN
SEÑOR CON EL ROSTRO
DESFIGURADO SIN SABER QUE ARRIESGÓ SU
VIDA SIENDO BOMBERO.
LA GENTE SE BURLA DE LOS NIÑOS ESPECIALES
SIN SABER Q SON MEJORES Q ELLOS.
NIÑA DE 15 AÑOS
DE EDAD
CAMINA DE LA MANO CON SU HIJO, LA GENTE
LA LLAMA "PUTA " SIN SABER
... ... ... ... ... ... ... ... QUE FUE VIOLADA A LOS 13 AÑOS.
LA GENTE LE DICE "GORDO" A UN SEÑOR
SIN SABER QUE TIENE
UNA ENFERMEDAD QUE LE
CAUSA SOBREPESO.
LA GENTE LE HUYE A UN
SEÑOR CON EL ROSTRO
DESFIGURADO SIN SABER QUE ARRIESGÓ SU
VIDA SIENDO BOMBERO.
LA GENTE SE BURLA DE LOS NIÑOS ESPECIALES
SIN SABER Q SON MEJORES Q ELLOS.
un detalle para las mamás
Tú mi bella mamá
tan afectuosa
y tan hermosa.
Que irradia como una abeja
que huele tan rico como la miel.
En este día tan especial
este poema as de aceptar.
tan afectuosa
y tan hermosa.
Que irradia como una abeja
que huele tan rico como la miel.
En este día tan especial
este poema as de aceptar.
viernes, 23 de marzo de 2012
para un estudiante lo mejor
El maestro no es engreído, solo demuestra a sus alumnos que el saber no es cuestión de presumir sino de conocer que no por lucir somos sabios.
cuentos cortos.com
Cuando Helena vino por primera vez a mi taller de narrativa —con un traje sastre de seda rústica color gris—, me produjo una impresión muy pobre. Gorda, tímida, con una mirada huidiza y un tono de voz excesivamente bajo, expresó su deseo de aprender a escribir cuentos, aunque creía no tener condiciones y no sabía si continuaría luego del primer mes. Era una prueba que, desde niña, había anhelado realizar.
Llegaba puntual —cada día con un vestido diferente, sobrio y de diseño exclusivo—, se sentaba en el lugar más apartado, escuchaba sin participar mientras tomaba apuntes en su cuaderno con la mirada fija en él y se retiraba sola, sin conversar con nadie. Pasaron más de tres meses hasta que me entregó su primer trabajo.
—Por favor, no lo lea en clase. Es malo. Me da vergüenza—, dijo con la mirada baja mientras el rubor invadía sus mejillas. Adiviné, más que oí, el susurro de sus palabras, tapado por el incontenible torrente oral vertido al mismo tiempo por el resto de mis alumnos.
Antes de acostarme, comencé a leer el relato de Helena sin ganas y presintiendo su mala calidad. A medida que me introducía en él, la sorpresa me iba ganando. Sentí vivos a los protagonistas, estaban allí, los oía murmurar, sus emociones y las mías se mezclaban, la tensión del momento me hacía apurar la lectura, la letra se volvía borrosa con la turbidez de las lágrimas; y el final inesperado explotó en una culminación dramática incontenible.
Poco a poco —casi sin quererlo—, fui volviendo a la realidad. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Tenía frente a mí una obra maestra, un cuento sintético, redondo, con un opus coronat digno de un escritor de oficio. Entonces comprendí que yo era uno de los pocos privilegiados, si no el único, que empezaba a vislumbrar a la verdadera Helena. Con su máscara pobre y mimética, ella ocultaba el fuego, la pasión bullente en su espíritu y que manifestaba solamente a través de sus personajes.
En la siguiente clase opiné sobre el material recibido y, llegado su turno, alcancé a escuchar en un hilo de voz, “después”. Llegué a la costumbre de quedarme a solas con ella, luego de retirarse el resto de mis alumnos, para conversar sobre el material que me iba entregando. Los escasos diez minutos que comencé a dedicarle, se fueron ampliando a medida que crecía mi curiosidad y lograba atravesar su coraza de protección hasta adentrarme en los estratos más profundos de su personalidad tan celosamente guardada. Para descubrir su naturaleza le hablé de cómo todos nos embozamos aparentando aquello que no somos. Puse mi ejemplo: un fracasado — mentí con el fin de ganarme su confianza—, que para sobrevivir con su taller de narrativa debía escudarse tras una máscara de escritor con oficio y seguro de sí. Al burlarme de mí, logré que ella se riera de su mezquino disfraz. La llevé hasta el botiquín del baño y le mostré el frasco lleno de píldoras tranquilizantes que debía tomar para vencer mis depresiones; de este modo conseguí que hablara de su propia neurosis.
Comprendí entonces que la esencia de su carácter era casi inexistente y crecía de afuera hacia adentro bajo el influjo de la tradición, las “máscaras del pasado”, la sociedad, la opinión de quien conversara con ella. Su vasta cultura, lo auténtico, se hallaba completamente encubierto. Cuando logré que Helena manifestara su erudición, debí usar mi propia máscara para ocultar mi ignorancia ante los temas profundos que tratábamos en nuestras conversaciones.
Su memoria era asombrosa y podía recitar poemas enteros en castellano, francés e inglés. Sus padres, inteligentes y de una personalidad muy fuerte —a mi entender castradores y con conceptos familiares arcaicos—, habían fallecido diez años atrás en un accidente automovilístico; hija única, no tenía otros familiares y nunca había tenido amigos, novio o amante. Vivía de la renta proporcionada por el alquiler de seis apartamentos heredados. Pasaba los días recluida, leyendo o escribiendo; ni siquiera salía a elegir las prendas que integraban su numeroso y creciente vestuario. Una modista renombrada concurría a su domicilio.
Puedo asegurar que en un principio no tuve ningún interés especial en Helena. Mi primera intención de dedicar unos pocos minutos semanales a despertar la vocación literaria de una alumna brillante fue cambiando; nos quedábamos conversando entretenidos durante varias horas. Mi indiferencia inicial —y posterior curiosidad—, se fue convirtiendo en admiración. ¡Por fin había encontrado a alguien con quién mantener un diálogo rico e interesante!
Comenzó a venir a casa tres veces por semana, fuera del horario de clases. Poco a poco fui dejando de ver a todos mis amigos y me dediqué a ella. Sólo en esos momentos compartidos me sentía vivo; el resto del tiempo era una interminable espera ansiosa. En forma inexplicable, ese cuerpo que en un principio me pareció regordete, se fue convirtiendo en maravilloso. Mi atracción era tal que empecé a atiborrarme de comida, así engordar y parecerme a ella. Sin darme cuenta modulé mi voz dándole sus mismas inflexiones, imité a la perfección su letra.
Su inexperiencia y timidez en todo lo relativo al sexo fue un afrodisíaco para mí. Con la intención de ir venciendo barreras en nuestra relación amistosa, en cada beso de despedida me acercaba más a su boca, inventaba una caricia nueva, más atrevida, más excitante; imaginaba cada uno de estos gestos como pequeñas llamas capaces de encender su curiosidad y despertar la pasión que fluía de sus cuentos.
A pesar de mi deseo —convertido ya en obsesión—, Helena demoró un año en aceptarme como amante. Necesitó seis meses más para vencer trabas y pudores, hasta entregarse libre a todas esas sensaciones nuevas que había ido descubriendo.
Mientras ella se despojaba de todos los prejuicios acumulados desde su niñez, yo comprendía que el encanto había desaparecido. Lo que en un principio fue un reto a mi hombría, un desafío a mi capacidad de seducción, derivó en gozos totalmente opuestos. ¿Cómo explicarlo? Luego de hacer el amor —que llegó a producirme un gran desasosiego—, empecé a maquillarme como ella, a vestirme con su ropa, a rociarme con sus deliciosos perfumes franceses, a imitar sus gestos, su forma de hablar, de caminar. Al principio creí que lo hacía para despertar su hilaridad y disimular el rechazo sexual que estaba experimentando. Más tarde, advertí sorprendido que me gratificaba, sentía verdadero placer en esas transformaciones que continué realizando no solamente en su presencia.
A medida que Helena perdía sus inhibiciones en la cama, sus cuentos crecían en audacia. La convencí de que interviniera en certámenes literarios; comenzó a ganarlos y ello la motivó para seguir compitiendo. Después de obtener un premio muy importante —que provocó un escándalo eclesiástico y la difusión de varias diatribas en los principales periódicos de bien pensantes miembros de diversas Ligas—, una editorial la llamó para publicar la obra premiada. La citaron para el día siguiente por la mañana con la intención de firmar un contrato muy interesante. La invité a mi apartamento y preparé una cena con sus platos preferidos, además de champaña; el acontecimiento lo merecía.
Llegó con un vestido muy escotado de crêpe bordado con canutillos y piedras, color fucsia, ceñido al cuerpo, la espalda descubierta y con un pronunciado tajo al costado. Me produjo un deseo inmediato. De probármelo. Para ese entonces me había depilado el pecho y éste comenzaba a henchirse con la ayuda de hormonas femeninas que me estaba inyectando. Me di cuenta —a través de sus gestos, las palabras, la entonación de su voz, la fragancia fascinante que emanaba de toda su piel—, de que quería seducirme. La alumna había superado al maestro.
Le entregué un ramo de flores, cenamos a la luz de las velas y terminamos las dos botellas de champaña. Por primera vez, desnudos y de madrugada, logré que se quitara completamente la máscara.
Descubrí el desasosiego, su inestabilidad emocional, el vacío interior en el que se debatía antes de empezar nuestra amistad. Su vida giraba centrada en actos de renunciamiento, de sacrificio, de expiación. La falta total de sustancia anímica era una amenaza continua a su estima y vivía esa pobreza vital como una maldición. Se daba así la paradoja de que pudiese alcanzar dicha sustancia mediante el suicidio, que había intentado en numerosas oportunidades.
A partir de nuestro encuentro, su vida cambió en forma radical; comenzó a valorarse como escritora y, sobre todo, se sintió plena de sensaciones femeninas, al encontrarse atractiva, al disfrutar de su capacidad de seducción.
Entonces, una luz se hizo en mi interior. Comprendí, por fin, qué era lo que yo quería. Hablé y hablé, vomité todo hasta la exageración. Le dije del asco que sentía al tocarla, del rechazo que me producía su excitación repulsiva, de que sólo era una pobre gorda grotesca.
Cuando enfiló para el baño con el extraño rostro desencajado, supe lo que ella haría. Me visto con sus ropas, recojo la máscara que Helena abandonara distraída, me la coloco, tomo su cartera y me dirijo, satisfecha, a mi nuevo apartamento, a los perfumes franceses, a los modelos exclusivos; ya comienzo a pensar en el contrato que firmaré dentro de pocas horas con la editorial.
Llegaba puntual —cada día con un vestido diferente, sobrio y de diseño exclusivo—, se sentaba en el lugar más apartado, escuchaba sin participar mientras tomaba apuntes en su cuaderno con la mirada fija en él y se retiraba sola, sin conversar con nadie. Pasaron más de tres meses hasta que me entregó su primer trabajo.
—Por favor, no lo lea en clase. Es malo. Me da vergüenza—, dijo con la mirada baja mientras el rubor invadía sus mejillas. Adiviné, más que oí, el susurro de sus palabras, tapado por el incontenible torrente oral vertido al mismo tiempo por el resto de mis alumnos.
Antes de acostarme, comencé a leer el relato de Helena sin ganas y presintiendo su mala calidad. A medida que me introducía en él, la sorpresa me iba ganando. Sentí vivos a los protagonistas, estaban allí, los oía murmurar, sus emociones y las mías se mezclaban, la tensión del momento me hacía apurar la lectura, la letra se volvía borrosa con la turbidez de las lágrimas; y el final inesperado explotó en una culminación dramática incontenible.
Poco a poco —casi sin quererlo—, fui volviendo a la realidad. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Tenía frente a mí una obra maestra, un cuento sintético, redondo, con un opus coronat digno de un escritor de oficio. Entonces comprendí que yo era uno de los pocos privilegiados, si no el único, que empezaba a vislumbrar a la verdadera Helena. Con su máscara pobre y mimética, ella ocultaba el fuego, la pasión bullente en su espíritu y que manifestaba solamente a través de sus personajes.
En la siguiente clase opiné sobre el material recibido y, llegado su turno, alcancé a escuchar en un hilo de voz, “después”. Llegué a la costumbre de quedarme a solas con ella, luego de retirarse el resto de mis alumnos, para conversar sobre el material que me iba entregando. Los escasos diez minutos que comencé a dedicarle, se fueron ampliando a medida que crecía mi curiosidad y lograba atravesar su coraza de protección hasta adentrarme en los estratos más profundos de su personalidad tan celosamente guardada. Para descubrir su naturaleza le hablé de cómo todos nos embozamos aparentando aquello que no somos. Puse mi ejemplo: un fracasado — mentí con el fin de ganarme su confianza—, que para sobrevivir con su taller de narrativa debía escudarse tras una máscara de escritor con oficio y seguro de sí. Al burlarme de mí, logré que ella se riera de su mezquino disfraz. La llevé hasta el botiquín del baño y le mostré el frasco lleno de píldoras tranquilizantes que debía tomar para vencer mis depresiones; de este modo conseguí que hablara de su propia neurosis.
Comprendí entonces que la esencia de su carácter era casi inexistente y crecía de afuera hacia adentro bajo el influjo de la tradición, las “máscaras del pasado”, la sociedad, la opinión de quien conversara con ella. Su vasta cultura, lo auténtico, se hallaba completamente encubierto. Cuando logré que Helena manifestara su erudición, debí usar mi propia máscara para ocultar mi ignorancia ante los temas profundos que tratábamos en nuestras conversaciones.
Su memoria era asombrosa y podía recitar poemas enteros en castellano, francés e inglés. Sus padres, inteligentes y de una personalidad muy fuerte —a mi entender castradores y con conceptos familiares arcaicos—, habían fallecido diez años atrás en un accidente automovilístico; hija única, no tenía otros familiares y nunca había tenido amigos, novio o amante. Vivía de la renta proporcionada por el alquiler de seis apartamentos heredados. Pasaba los días recluida, leyendo o escribiendo; ni siquiera salía a elegir las prendas que integraban su numeroso y creciente vestuario. Una modista renombrada concurría a su domicilio.
Puedo asegurar que en un principio no tuve ningún interés especial en Helena. Mi primera intención de dedicar unos pocos minutos semanales a despertar la vocación literaria de una alumna brillante fue cambiando; nos quedábamos conversando entretenidos durante varias horas. Mi indiferencia inicial —y posterior curiosidad—, se fue convirtiendo en admiración. ¡Por fin había encontrado a alguien con quién mantener un diálogo rico e interesante!
Comenzó a venir a casa tres veces por semana, fuera del horario de clases. Poco a poco fui dejando de ver a todos mis amigos y me dediqué a ella. Sólo en esos momentos compartidos me sentía vivo; el resto del tiempo era una interminable espera ansiosa. En forma inexplicable, ese cuerpo que en un principio me pareció regordete, se fue convirtiendo en maravilloso. Mi atracción era tal que empecé a atiborrarme de comida, así engordar y parecerme a ella. Sin darme cuenta modulé mi voz dándole sus mismas inflexiones, imité a la perfección su letra.
Su inexperiencia y timidez en todo lo relativo al sexo fue un afrodisíaco para mí. Con la intención de ir venciendo barreras en nuestra relación amistosa, en cada beso de despedida me acercaba más a su boca, inventaba una caricia nueva, más atrevida, más excitante; imaginaba cada uno de estos gestos como pequeñas llamas capaces de encender su curiosidad y despertar la pasión que fluía de sus cuentos.
A pesar de mi deseo —convertido ya en obsesión—, Helena demoró un año en aceptarme como amante. Necesitó seis meses más para vencer trabas y pudores, hasta entregarse libre a todas esas sensaciones nuevas que había ido descubriendo.
Mientras ella se despojaba de todos los prejuicios acumulados desde su niñez, yo comprendía que el encanto había desaparecido. Lo que en un principio fue un reto a mi hombría, un desafío a mi capacidad de seducción, derivó en gozos totalmente opuestos. ¿Cómo explicarlo? Luego de hacer el amor —que llegó a producirme un gran desasosiego—, empecé a maquillarme como ella, a vestirme con su ropa, a rociarme con sus deliciosos perfumes franceses, a imitar sus gestos, su forma de hablar, de caminar. Al principio creí que lo hacía para despertar su hilaridad y disimular el rechazo sexual que estaba experimentando. Más tarde, advertí sorprendido que me gratificaba, sentía verdadero placer en esas transformaciones que continué realizando no solamente en su presencia.
A medida que Helena perdía sus inhibiciones en la cama, sus cuentos crecían en audacia. La convencí de que interviniera en certámenes literarios; comenzó a ganarlos y ello la motivó para seguir compitiendo. Después de obtener un premio muy importante —que provocó un escándalo eclesiástico y la difusión de varias diatribas en los principales periódicos de bien pensantes miembros de diversas Ligas—, una editorial la llamó para publicar la obra premiada. La citaron para el día siguiente por la mañana con la intención de firmar un contrato muy interesante. La invité a mi apartamento y preparé una cena con sus platos preferidos, además de champaña; el acontecimiento lo merecía.
Llegó con un vestido muy escotado de crêpe bordado con canutillos y piedras, color fucsia, ceñido al cuerpo, la espalda descubierta y con un pronunciado tajo al costado. Me produjo un deseo inmediato. De probármelo. Para ese entonces me había depilado el pecho y éste comenzaba a henchirse con la ayuda de hormonas femeninas que me estaba inyectando. Me di cuenta —a través de sus gestos, las palabras, la entonación de su voz, la fragancia fascinante que emanaba de toda su piel—, de que quería seducirme. La alumna había superado al maestro.
Le entregué un ramo de flores, cenamos a la luz de las velas y terminamos las dos botellas de champaña. Por primera vez, desnudos y de madrugada, logré que se quitara completamente la máscara.
Descubrí el desasosiego, su inestabilidad emocional, el vacío interior en el que se debatía antes de empezar nuestra amistad. Su vida giraba centrada en actos de renunciamiento, de sacrificio, de expiación. La falta total de sustancia anímica era una amenaza continua a su estima y vivía esa pobreza vital como una maldición. Se daba así la paradoja de que pudiese alcanzar dicha sustancia mediante el suicidio, que había intentado en numerosas oportunidades.
A partir de nuestro encuentro, su vida cambió en forma radical; comenzó a valorarse como escritora y, sobre todo, se sintió plena de sensaciones femeninas, al encontrarse atractiva, al disfrutar de su capacidad de seducción.
Entonces, una luz se hizo en mi interior. Comprendí, por fin, qué era lo que yo quería. Hablé y hablé, vomité todo hasta la exageración. Le dije del asco que sentía al tocarla, del rechazo que me producía su excitación repulsiva, de que sólo era una pobre gorda grotesca.
Cuando enfiló para el baño con el extraño rostro desencajado, supe lo que ella haría. Me visto con sus ropas, recojo la máscara que Helena abandonara distraída, me la coloco, tomo su cartera y me dirijo, satisfecha, a mi nuevo apartamento, a los perfumes franceses, a los modelos exclusivos; ya comienzo a pensar en el contrato que firmaré dentro de pocas horas con la editorial.
publicado por leidy camila rojas en 2013-2020
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